dimecres, 23 de febrer del 2011

Gris

La metamorfosis en la percepción de las cosas, insinúan su cambio de ánimo.
Del más amenazante abismo a la intensa emoción de volar, tocar una rosa y convertirla en sal, mirar una ventana e imaginar un muro.
Ansía la meseta. Que cesen las fluctuaciones y empiece la calma, tensa y limitada, pero calma al fin.
El momento en que se estrechan los polos, se impone una tregua, caminan de la mano sin descuidar sus mutuas reacciones.
Lo oscuro se torna gris… La tormenta es una austera llovizna invernal que se escurre en sus delicadas ropas que supieron ser harapos.
Él cada tanto conspira contra su preciada libertad. Cambiar las obsecuentes turbulencias por un apacible vuelo desconocido, le genera el temor propio de la incertidumbre.
Imposible perpetuar la luz, imposible el arcoíris en la noche.
Acercar los extremos es su disyuntiva. Invocar la eterna antinomia entre el día y la noche, y conjugarla en un simple y relajado enfrentamiento entre el ocaso y el amanecer.
Quizás vuele más bajo, pero al caer, lo hace sin tocar fondo…


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